Hasta ahora he utilizado dos tipos de envases para el dentífrico: el tubo de toda la vida y el bote estilo “licor del polo”. Sin duda el que más me gusta es el último, pero el más común es el otro.
Manía número once: El tubo de la pasta de dientes no está terminado hasta que ha sido prensado y enrollado.
Y es que me parece un desperdicio este sistema de almacenamiento que no te permite saber de forma visual si se ha terminado el producto. Tiende a parecer que si lo aprietas un “poco” más siempre puede seguir saliendo pasta de dientes, lo que me lleva a extremos de pensar con que objeto podría prensar el tubo para sacar un poco más de él.
Saludos.